lunes, 25 de noviembre de 2013

La muerte de mi papá

Sentado en las bancas de la iglesia llorando desconsolado se encontraba un joven.Cercano a él, muchas caras desconocidas se le acercaban a hablarle, pero Jorge cómo embotado solo atinaba a decir gracias.No escuchó la misa, todo se le nublaba a cada instante, solo quería llorar y sacar de su cuerpo ese dolor tan profundo de perder a su maestro y verdugo, porque no solo fue quien le forjó el carácter como persona, sino que fue referente en lo que no le gustaba, esa relación entre amores y odios que nunca deja de existir entre un padre y su hijo.
El porqué de ese choque, se debía a que eran tan diferentes el uno del otro, mientras Jorge, adoraba la poesía, Iván amaba la mecánica, cada uno estaba destinado a llevarle la contraria al otro, el mundo se dedicaba a equilibrar las fuerzas incluso en un mismo techo. Mientras el uno quería ser político y el padre esperaba que su hijo fuese militar. Y entre golpes y sonrisas se formó una relación entrañable que las palabras se quedan cortas al momento de plasmarla en un papel.
En horas de la mañana…
El día había empezado tranquilo como cualquier festivo. Con un cielo plomizo que tapaba los rayos del sol, como si en las alturas hubiese una lucha entre los rayos del sol y las nubes: las unas por evitar que pasen y estos cual testarudos lanzándose a cruzar a todo costo la muralla de neblina.
En el húmedo pueblo las campanas repicaban en lo alto, anunciando la misa de 6, dando aviso que un día empezaba, porque en el pueblo a diferencia de la ciudad, la iglesia no solo es el espacio de para profesar la fe, también juega un papel de despertador de las acciones matutinas y punto de encuentros sociales.
Un grito en la casa despertó a Jorge, que como un resorte se levantó de la cama y rápidamente se dirigió a la habitación contigua, su padre estaba  convulsionando, como pudo, lo recostó sobre la cama y espero a que pasara el ataque como era usual; al otro lado de la cama su madre lo miraba con preocupación, esta vez la convulsión parecía diferente su padre  yacía desmadejado, al darse cuenta de lo que estaba sucediendo tomó el tensiómetro, y segundos después aún existía frecuencia cardíaca y pero cada vez se oía más débil. Sin conocer nada de primero auxilios le hizo un improvisado masaje cardíaco y su padre aún seguía sin reaccionar, con impotencia le tomó nuevamente los signos vitales y ahora nada, ni pulso, ni respiración, ni un asomo de vida, a las 7:31 AM, había muerto Iván Mesa.

Quedaron los recuerdos, las imágenes y tantas salidas, un parques guardado en el desván, y los recuerdos almacenados en la memoria, recuerdos que hoy me sientan antes este computador a contar una historia que siempre quise contar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario