Sentado en las
bancas de la iglesia llorando desconsolado se encontraba un joven.Cercano a él,
muchas caras desconocidas se le acercaban a hablarle, pero Jorge cómo embotado
solo atinaba a decir gracias.No escuchó la misa, todo se le nublaba a cada
instante, solo quería llorar y sacar de su cuerpo ese dolor tan profundo de
perder a su maestro y verdugo, porque no solo fue quien le forjó el carácter
como persona, sino que fue referente en lo que no le gustaba, esa relación
entre amores y odios que nunca deja de existir entre un padre y su hijo.
El porqué de ese
choque, se debía a que eran tan diferentes el uno del otro, mientras Jorge,
adoraba la poesía, Iván amaba la mecánica, cada uno estaba destinado a llevarle
la contraria al otro, el mundo se dedicaba a equilibrar las fuerzas incluso en
un mismo techo. Mientras el uno quería ser político y el padre esperaba que su
hijo fuese militar. Y entre golpes y sonrisas se formó una relación entrañable
que las palabras se quedan cortas al momento de plasmarla en un papel.
En horas de la
mañana…
El día había
empezado tranquilo como cualquier festivo. Con un cielo plomizo que tapaba los
rayos del sol, como si en las alturas hubiese una lucha entre los rayos del sol
y las nubes: las unas por evitar que pasen y estos cual testarudos lanzándose a
cruzar a todo costo la muralla de neblina.
En el húmedo
pueblo las campanas repicaban en lo alto, anunciando la misa de 6, dando aviso
que un día empezaba, porque en el pueblo a diferencia de la ciudad, la iglesia
no solo es el espacio de para profesar la fe, también juega un papel de despertador
de las acciones matutinas y punto de encuentros sociales.
Un grito en la
casa despertó a Jorge, que como un resorte se levantó de la cama y rápidamente
se dirigió a la habitación contigua, su padre estaba convulsionando, como pudo, lo recostó sobre
la cama y espero a que pasara el ataque como era usual; al otro lado de la cama
su madre lo miraba con preocupación, esta vez la convulsión parecía diferente
su padre yacía desmadejado, al darse cuenta de lo que estaba sucediendo tomó el tensiómetro, y
segundos después aún existía frecuencia cardíaca y pero cada vez se oía más
débil. Sin conocer nada de primero auxilios le hizo un improvisado masaje
cardíaco y su padre aún seguía sin reaccionar, con impotencia le tomó
nuevamente los signos vitales y ahora nada, ni pulso, ni respiración, ni un
asomo de vida, a las 7:31 AM, había muerto Iván Mesa.
Quedaron los
recuerdos, las imágenes y tantas salidas, un parques guardado en el desván, y
los recuerdos almacenados en la memoria, recuerdos que hoy me sientan antes
este computador a contar una historia que siempre quise contar.


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